Los entornos sociales, o las redes sociales o (no se como llamarlas realmente), buscan un lugar en la Educación. Seguramente uno que aún no logra delimitarse y por tanto no se manifiesta en una producción significativa al menos a hoy.

Hay muchos problemas, tantos, como las comparaciones que busquemos entre, nuestra concepción de lo que un Sistema de manejos de contenidos para la educación (LCMS) debe ser, y una zona de aprendizaje colaborativo o red social educativa.
Uno de estos problemas, es, el buscar delimitar todo, pero principalmente el proyecto, su alcance, sus actividades, su seguimiento.
Es que, para desarrollar un programa educativo en un entorno social, ninguna de las variables antes mencionadas, es realmente controlable, mucho menos, a veces, del todo relevante.
En un entorno del tipo social, en mayor o menor medida según la referencia (puede ser Facebook o del otro lado, wikipedia ) no median muchos de los parámetros que si existen en un entorno cerrado y controlado (gallineros), como pueden ser Moodle, Atutor, Joomla, Drupal, etc.
Son cosas distintas de raíz y por tanto, la concepción que estos tienen son opuestas.
Todo sistema, refleja de un modo el pensar de quienes lo diseñan y está transverzalizado no solo por esto, sino por su fin último.
Los LCMS que todos hemos usado y continuamos haciendo, basan su funcionalidad en el control de las variables que somete al uso del usuario mediante, planificaciones que son seguidas y cumplimentadas por cuestionarios y trabajos preestablecidos de antemano.
Existe una planificación al detalle, existe una hoja de ruta que nos dice donde comenzamos, donde están los puntos de control y donde se finaliza.
Estas herramientas se caracterizan por la poca flexibilidad. En algunas charlas informales, he notado que la percepción de la flexibilidad de una plataforma va de la mano con la idea de efectividad.
Que una plataforma LCMS tenga una multitud de herramientas, y que se puedan utilizar conmutadas entre si dentro del espacio definido para un contenido, no implica que sea flexible, sino que es efectiva a la idea de quien diseña el curso.
La flexibilidad, en este caso tiene más que ver con la integración de terceras aplicaciones, mejoras, interconexiones, desarrollos propios específicos, o modificaciones profundas a la plataforma en si, para que por ejemplo, pueda funcionar con otra finalidad pero fundamentalmente, con una noción distribuída (entre contenidos y entre usuarios).
Esta escueta descripción, sirve para enfrentar a la idea de lo que es una plataforma social.
En una plataforma social, al menos teóricamente hablando (ya que facebook o wikipedia tienen funciones diferentes, así como también regulaciones diferentes), cada usuario posee las mismas herramientas y posibilidades que los demás. Dependiendo del tipo de plataforma y su fin, el concepto de distribución se hace fuerte en la relación entre usuarios y entre estos con sus nodos (Mi amigo y Mi_amigo/amigos_de_mi_amigo).
Las plataformas sociales, en otro punto, y dependiendo de la decisión política, pueden ser desde solo horizontales, hasta tridimensionales.
Ya se, lo de tridimensional me lo acabo de inventar, pero solo a mero propósito de combinarlo con la idea que venimos desarrollando de horizontalidad. La tridimensionalidad de la plataforma se refuerza desde el momento en que cada usuario puede ser administrador de la plataforma. Esto es en una red de 30 usuarios, 30 administradores-usuarios. Las implicancias de esta idea teórica en principio, es que todo usuario puede acceder al contenido de cualquier usuario, y, modificarlo, borrarlo, cambiarlo e inclusive hacerlo propio.
Este concepto, es, sobre cualquier tipo de contenido, por ejemplo mi nombre y apellido, mi foto personal, o mis fotos, mis escritos, cualquier cosa que sea considerada contenido.
Es muy opuesto a lo que un usuario puede hacer en una plataforma LCMS convencional, donde el usuario-alumno, no es más que eso, o talvez, según el caso, puede ser co-autor en la figura de “coordinador”.
Rara vez, inexistente, el alumno puede moderar el foro, programar la sesión de chat, crear una evaluación, cambiar el orden de las unidades, módulos o clases dentro de la plataforma. Tampoco editar, diagramar o crear contenido o controlar los horarios de accesos a los diferentes contenidos del curso o programa, del modo que lo hace el docente o el administrador.
Son dos visiones opuestas que con la lógica de esta última, la que se utiliza e implementa en todos los programas y cursos de formación, en mayor medida, dificultan el proceso de cambio hacia plataformas educativas pensadas como zonas de aprendizajes colaborativos, o comúnmente representadas en la figura de redes sociales.
Es un punto perdido para el debate buscar la vuelta a algo desde un modelo de percepción equivocado, un modelo de plataformas cerradas.
La verdadera construcción, debe darse olvidando el modelo actual, olvidando la necesidad de apoyo político plasmado desde lo institucional, olvidar las recetas preconcebidas, y diagramar un modelo propio, libre, sobre la base de la experimentación. En esta etapa estamos, debemos ser creativos y dejar de reformular modelos obsoletos.











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